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El conjunto de medidas de la NPE, especialmente la Reforma Tributaria de 1986 y las decisiones tendientes a unificar los tipos de cambio, actuando en un nuevo contexto de democratización política, aunque en medio de fortísimas tensiones sociales, tuvieron un indiscutible éxito en el objetivo de controlar la hiperinflación y de estabilizar el cuadro macroeconómico. De hecho, en los organismos internacionales, así como entre los inversores financieros, la NPE es considerada como uno de los planes de estabilización más exitosos de Latinoamérica. En el otro lado de la balanza cabe destacar los efectos que el plan de estabilización provoco en la distribución de lamenta, haciendo todavía más manifiestas las desigualdades sociales y las carencias generalizadas en la oferta de servicios y bienes públicos. Pero lo que quizás suscita mas interrogantes e incertidumbres es la propia indefinición del empresariado boliviano a la hora de optar por invertir y ocupar el espacio que ha sido dejado por el propio Estado.
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