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RASGOS FÍSICOS

Magro, casi seco, con la espalda curvada y un rostro inmóvil, apergaminado, Salamanca se veía a sí mismo como un instrumento del destino. Poseía esa peligrosa soberbia que se viste de humildad; vestía siempre de negro y rara vez dejaba el abrigo. Era un hombre enfermo, con el estómago destrozado y una cabeza deslumbrante, en carne morena. La probidad intelectual era su principal atributo. Se le llamó el “Hombre Símbolo”.

Firmada su renuncia, fue conducido a Cochabamba, donde vivió sus últimos días totalmente recluido en su domicilio. Falleció en esa ciudad el 17 de julio de 1935.

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