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Su gobierno no fue de trabajo y progreso, pues, si bien tenía las mejores intenciones y hasta el propósito de llevar adelante una revolución moral, pues, pretendió gobernar con mano dura para evitar manejos dolosos, la concupiscencia era casi norma en esa época, junto con el abuso de las bebidas y, sobre todo, las dádivas a los favoritos o a los que tenía influencia o mando de tropas. Se rodeó de los mejores, tuvo siempre gabinetes con ministros que constituían la élite de la intelectualidad de entonces; pero su energía y sus rígidos principios le crearon enemigos llevándole a presidir un gobierno despótico y sanguinario. Cuanto más crecía la oposición más duro era él. Los fusilamientos que ordenó, los presos que mantuvo en la cárcel y los perseguidos y exiliados, sumaron centenares. Autócrata violento, fue muchas veces cruel y despiadado, aunque la verdad es que se defendía, porque las conspiraciones, durante su régimen, se multiplicaron a medida que él obraba con mayor energía.

Gobernó con los mejores y gobernó con honradez tal, que su propia fortuna, que era cuantiosa, la derrocó para atender con ella los gastos del

gobierno. En los últimos meses, Linares ya no gobernaba, se concentraba a defenderse, porque las conspiraciones se multiplicaban sin cesar. En tales circunstancias y cansado de luchar, decidió convocar a elecciones legislativas para que fuera el Congreso Nacional el que eligiera a su sucesor.

No llegó a consumar su propósito, porque su Ministro de Guerra, el General José María de Achá, y su Ministro de Gobierno, Ruperto Fernández, dos de sus favoritos y los de mayor confianza, en convivencia con el Jefe de Armas de La Paz, Cnl. Manuel Antonio Sánchez, le derrocaron mediante un golpe que se produjo el 14 de enero de 1861, tanto más artero cuanto se consumió en circunstancias en que el mandatario se hallaba enfermo y guardando cama. Así enfermo, rechazó permanecer por más tiempo en palacio y pese a su delicado estado, lo abandonó el mismo días de su derrocamiento, acompañado por sus más fieles seguidores.

Casi inmediatamente abandonó también el país rumbo a Valparaíso, donde muy pobre y viviendo con la ayuda económica de sus amigos,

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