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La Leyenda Del Silvaco


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          'LA LEYENDA DEL SILVACO'

En la antigüedad se comentada con mucho énfasis, en el ambiente campechano, muchos cuentillos que estaban reñidos con la moral y las buenas costumbres. Anécdotas estas que eran temerarias y tétricas que convencían a cualquier incrédulo.

A lo largo de la serranía conocida “loma de 25”, cercana de la ciudad de Montesclaros, vivían Don. Parcasio y Doña Saturnina, repentinamente el laborioso y trabajador esposo cayo en cama presa de una enfermedad desconocida, vanos fueron los esfuerzos para su recuperación, el enfermo viéndose grave y sin esperanzas de salvación, hizo venir a su amigo y compadre Ebaristo Quiñones y en el delirio de su muerte le suplica cuide celosamente la hacienda y le ayude a su comadre en todos sus problemas que se le presenten, ya que podían abusar de ella. Ebaristo acongojado por lo irreparable acepto prometiendo firmemente cumplir su último deseo. Don Parcasio falleció, dona saturnina, aun joven quedo bajo la protección masculina de su compadre Ebaristo.

Una tarde de junio, cuando recrudecía el invierno el compadecido compadre deseoso de cumplir el último deseo de su compadre Parcarsio, llego a la casa de la viuda, esta con su característica hospitalidad, le presta todas las atenciones que el caso requiere. Después de la cena, se trenzan en la charla de sus problemas, el tema centrar era la del finao, tan bueno que era etc. no obstante que hacia mas de un año de aquella fatalidad. Doña saturnina le sugiere se quedara por aquella noche a dormir, pretextando el tiempo reinante y que nos seria justo dejarlo marchar. Ebaristo accedente al pedido y de inmediato acomodo una cama en el otro extremo de la habitación donde ella dormía.

Los compadres después de su prolongada tertulia decidieron acostarse para el sueño reparador. Los contertulios, desde sus lechos hacían las siguientes preguntas: ¿ya duerme compadre? Todavía comadre¡. Al otro rato, ¿ya duerme comadre? ¡Todavía compadre¡ luego de estas preguntas reciprocas, reanudaban la conversación con el tema central del difunto compadre y esposo, lagrimas y suspiros era el epilogo de estos recuerdos, la joven viuda agregaba el único consuelo y apoyo para mi es usted compadre, en sus últimos momentos de su vida me decía, no te vayas a juntar con otro hombre por que puede hacerte sufrir, yo desde el cielo veré con buenos ojos los concejos de nuestro compadre.

Las tres de la mañana, los compadres se hacían las mismas preguntas ¿ya duerme compadre? Todavía comadre. Saturnina impulsada por el instinto carnal de la juventud, si se tiene en cuenta que pasaba mas de un año de su viudez y soledad, cansada por aquella velada llena de zozobras dice: siga compadre maj vale que me falte de una vez aquí ante que noj coja el día antes que nos desvelemos maj. Ebaristos ni tonto ni perezoso acudió a complacer a su comadre.

El mal tiempo seguía su curso, motivo propicio para el idilio salvaje, después de unos días regreso Ebaristo a su casa, luego sucedieron visitas mas a menudo, lo que dio lugar a murmuraciones de los convecinos. Optaron por juntarse durante las noches. El tiempo paso y las nocturnas visitas se iban distanciando cada vez más y más.

Vuelve el mes de junio, Ebaristo amarra su caballo en el pilar de la casa golpea la puerta y llama varias veces. Ninguna respuesta se oye desde adentro. Ebaristo forcejea la puerta y consigue abrirla, llego hasta el lecho de su amada siente el mal oliente de putrefacción, tentó el rostro del cadáver y su piel se desgarro como fruta podrida, a grandes zancadas salio al portal y de un salto monto en su caballo sin acordarse de que lo tenia amarrado, de 2 chicotrazos, inducía su huida, la bestia obediente dio el desearon como jalado por un resorte retrocedió hacia atrás. Los nervios le traicionaban empezó a ver gentes que le apuntaban con el dedo, fue de susto que vio a saturnina parada en su puerta llamándole a gritos. Los diablos nos llevan a pagar juntos nuestro pecado, Evaristo en un instante de lucidez se acordó que su caballo estaba amarrado y como un rayo extrajo un cuchillo y cortó el cabestro, recién pudo salir disparado como un alma que persigue el diablo.

Desde aquel evento para Evaristo fueron días y noches de espeluznante zozobra, a tal punto que iba a enloquecer, un amigo le aconsejó acudir a un cura para que en nombre del señor, le perdonara.

El cura Rueda recibió la confección de Ebaristo, el cura le dio su penitencia para limpiar de culpa su alma, debía vestir de mortaja, arrastrar una soga amarrada a la cintura, unas campanillas en el cuello desandar los caminos y sendas que desde su infancia había recorrido silbando y silbando. Moradores esparcidos en la loma, eran presos de terror y miedo al ver y oír al SILVACO, recorriendo pampas y sendas cumpliendo su pena.

No paso un año. Al silvaco se lo llevo la trampa apareció triturado en el molino del diablo. Desde aquel entonces el molino del diablo se convirtió en terror de los transeúntes especialmente en el mes de junio, en noches frías y oscuras se oye el al silvaco.

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